La torre de cristal | Страница 24 | Онлайн-библиотека


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—Te quiero —dijo Lilith suavemente.

Vigilante titubeó. Se requeria una respuesta. Su silencio crecía con cada segundo, amenazaba con invadir el universo. ¿Cómo podía no responder? Era inhumano seguir en silencio. Rozó su carne cálida. Se sintió muy lejos de ella.

—Te quiero, Lilith —dijo rápidamente, para acabar con ello.

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Puedes preguntar: ¿Quién fue el Hacedor de los Hijos del Vientre? ¿Quién fue el Hacedor del mismo Krug?

Y yo te digo que son preguntas sabias, y son preguntas que tienen respuesta.

Porque debes comprender que en el mundo hay ciclos para todas las cosas, un ciclo para el Vientre y un ciclo para la Cuba, y que uno precede al otro, de manera que es necesario que antes haya nacidos del Vientre para que pueda haber nacidos de la Cuba.

Y Krug el hombre fue de los nacidos del Vientre, de los que surgieron los Hijos de la Cuba.

Pero Krug el hombre no es más que un aspecto de Krug el Creador, cuya existencia precede a todas las cosas y cuya Voluntad ha dado forma a todas las cosas, y que creó a los Hijos del Vientre como predecesores de los Hijos de la Cuba. Por tanto, debes distinguir entre el hombre Krug, que es mortal y nació del Vientre, y el Hacedor Krug, cuyo Plan siguen todas las cosas; porque fue Krug el hombre quien creó a los Hijos de la Cuba, pero lo hizo por designio de Krug el Hacedor, de quien vienen todas las bendiciones, alabado sea por siempre.

31

Le dije a Lilith: “Prometiste contármelo. Por qué esos gammas usaban el nombre de mi padre. La paz de Krug. Ve con Krug. Krug sea contigo. No me lo contaste”.

“Lo haré”

“¿Cuándo?”

“Tendrás que volver a disfrazarte de alfa. Es más fácil enseñártelo que explicártelo.”

“¿Tenemos que volver a Ciudad Gamma?”

“No —respondió ella—, esta vez no. Podemos arreglárnoslas con betas. No te llevaré a la capilla de Valhallavagen porque…”

“¿Dónde?”

“A la capilla de Valhallavagen. Es donde adoran la mayoría de los alfas de la zona. A ellos no podrías engañarlos, Manuel. Pero supongo que, a unos betas, sí. Si guardas silencio y ofreces un aspecto digno.”

“Una capilla. Adorar. Entonces, ¿es una religión?”

“Sí.”

“¿Y cómo se llama? ¿Krugolatría?”

“No tiene nombre. Al referirnos a ella, la llamamos la comunión. Es muy importante para nosotros, Manuel. Creo que es lo más importante de nuestras vidas.”

“¿Puedes describirme…?”

“Luego. Quítate la ropa, te pondré pulverizador en la piel. Podemos ir en seguida.”

“¿Será muy largo?”

“Una hora —respondió ella—. Volverás a tu casa a tiempo, no te preocupes. Si es eso lo que te preocupa.”

“Quiero ser justo con Clissa —le explicó—. Ella me da libertad. No quiero abusar.”

“Muy bien. Muy bien.”

Me quité la ropa. Una vez más, Lilith me disfrazó de Alfa Levítico Saltador. Había guardado las ropas de la otra ocasión. Me sorprendió que no las hubiera devuelto a Thor Vigilante, como si supiera que volveríamos a representar esta mascarada.

“Antes de ir, tienes que saber algunas cosas —me dijo—. La primera es que está completamente prohibido que los humanos entren en una capilla. Es como lo de que los no musulmanes no pueden entrar en La Meca. Por lo que sé, puedes ser el primer nacido del Vientre que vea una por dentro.”

“¿El primer qué?”

“Nacido del Vientre. Tú eres un Hijo del Vientre. Nosotros somos Hijos de la Cuba. ¿Comprendes?”

“Oh. Oh. Si es un sacrilegio meterme a escondidas en una capilla, ¿por qué lo haces? ¿No te tomas en serio las normas?”

“Muy en serio.”

“Entonces, ¿por qué?”

“Porque creo que puedo hacer una excepción contigo, Manuel. Eres diferente. Ya te lo dije una vez, ¿recuerdas? No crees que los androides sean una raza inferior a la humanidad. Creo que, en tu interior, siempre has estado de nuestra parte, aunque no fueras consciente de ello. Así que no será un sacrilegio dejar que comprendas un poco nuestra religión.”

“Bueno, quizá.”

“Además, eres el hijo de Krug.”

“¿Qué tiene que ver eso?”

“Ya lo verás”, me dijo.

Me sentí adulado, fascinado, emocionado. Hasta un poco asustado. ¿De verdad simpatizo tanto con las aspiraciones de los androides? ¿Se puede confiar en mí? ¿Por qué Lilith viola el mandamiento? ¿Qué intenta conseguir de mí? Una idea indigna. Una idea indigna. Lo hace porque me quiere. Desea compartirlo conmigo. Su mundo.

Ella dijo: “De todos modos, recuerda que sería muy grave que te descubrieran. Por tanto, finge que estás en tu lugar, no te muestres nervioso ni inseguro. En Ciudad Gamma lo hiciste estupendamente. Hazlo igual.”

“Pero ¿no hay ciertos ritos que debería conocer? ¿Genuflexiones o algo así?”

“Ya voy a eso —dijo Lilith—. Sólo necesitas un par de gestos. Uno de ellos ya lo conoces. Éste.”

Mano izquierda a la entrepierna, al pecho, a la frente, uno dos tres.

“Es el signo de Alabado-sea-Krug —dijo ella—. Es una señal de reverencia. Haces el signo cuando entras en la capilla y cuando te unes a la plegaria, en silencio o en voz alta. También es bueno hacer el signo cuando se menciona el nombre de Krug. De hecho, el signo de Alabado-sea-Krug es apropiado casi en cualquier momento del servicio, o cuando dos androides de la comunión se encuentran fuera de la capilla. A ver cómo lo haces. Venga.”

“Uno dos tres. Alabado-sea-Krug.”

“Más de prisa. Uno-dos-tres.”

“Uno-dos-tres.”

“Bien. Bien. Mira, éste es otro signo importante. Significa Krug-nos-guarde, y es una plegaria que se utiliza en momentos de tensión o duda. Como decir “Dios nos ayude”. Lo usarás cuando el texto del servicio pida que Krug tenga piedad de nosotros, o que Krug nos ayude de alguna manera. Cuando estemos implorando a Krug.”

“Krug es un auténtico dios para vosotros”, dije maravillado.

“Éste es el signo.”

Me enseñó cómo hacerlo. Una mano sobre cada pecho; luego, muestra las palmas hacia fuera. Un acto de contrición: ¡mira mi alma, Krug! Mi corazón está desnudo ante ti. Hizo el signo muchas veces, y yo lo repetí.

“Uno más —ordenó Lilith—. El signo de sumisión a la Voluntad de Krug. Sólo lo harás una vez, cuando estés frente al altar. Así. Una rodilla en el suelo y los brazos extendidos hacia adelante, con las palmas hacia arriba.”

“¿No importa qué rodilla?”

“Cualquiera. Hazlo.”

Hice el signo de sumisión a la Voluntad de Krug. Me alegró aprenderlo De alguna manera, siento que me he pasado la vida aceptando la Voluntad de Krug, aun sin saberlo.

“Vamos a asegurarnos de que lo hayas entendido todo —dijo Lilith—. Cuando entres en la capilla, ¿qué?”

“Uno-dos-tres. Alabado-sea-Krug.”

“Bien. ¿Luego?”

“Cuando vea el altar, hago la sumisión a la Voluntad. Una rodilla en el suelo, brazos estirados, palmas hacia arriba.”

“Sí. ¿Y?”

“Cuando se pidan mercedes a Krug, hago el Krug-nos-guarde. Manos cruzadas al pecho, luego extenderlas. También hago el Alabado-sea-Krug de cuando en cuando, si se menciona el nombre de Krug.”

“Bien. Bien. No tendrás ningún problema, Manuel.”

“Hay otro gesto que te vi hacer en Ciudad Gamma”, dije.

“Enséñamelo.”

Alcé las manos, con las palmas una frente a otra, a cosa de medio metro de distancia, contorsioné las caderas y flexioné las rodillas, trazando una especie de espiral.

“Lo hiciste en Ciudad Gamma —le digo—, cuando la multitud se estaba poniendo agresiva.”

Lilith se echó a reír.

“Se llama Bendición de la Cuba —dijo—. Es un signo de paz y una señal de adiós. Lo hacemos sobre una persona muerta, en la última plegaria, y también cuando nos despedimos de alguien en una situación tensa. Es uno de los signos más sagrados. Y no lo has hecho demasiado bien. Verás, se basa en la doble hélice del ácido nucleico en la molécula… genética, ¿entiendes? Así es como están enlazadas las moléculas. Intentamos reproducirlo con nuestros cuerpos. Así.”

Lo hizo. La imité, y se rió.

“Lo siento —dije—. Es que mi cuerpo no parece capaz de curvarse así.”

“Hace falta práctica. Pero no tendrás que hacerlo. Quédate con el Alabado-sea-Krug y Krug-nos-guarde, con eso te bastará. Ahora, vámonos.”

Me llevó a una parte pobre de la ciudad, me pareció que había sido la zona comercial en el pasado. No era tan chillona como Ciudad Gamma, ni tenía el elegante aspecto antiguo de la parte donde vivían los alfas. Era, sencillamente, pobre.

“La capilla está ahí”, me dijo.

Vi la parte delantera de un almacén, con las ventanas tapadas. Había un par de betas en la puerta, sin hacer nada concreto. Empezamos a cruzar la calle. Estaba nervioso. ¿Y si me descubrían? ¿Qué me harían? ¿Y a Lilith?

“Soy Alfa Levítico Saltador.”

Los betas se apartaron a un lado, haciendo la señal de Alabado-sea-Krug, mientras nos acercábamos a ellos. Ojos fijos en el suelo, aire de respeto. Las distancias sociales. Lilith lo habría tenido mucho más difícil si yo no tuviera una constitución esbelta de alfa. Mi confianza creció. Incluso hice la señal de Alabado-sea-Krug a uno de los betas.

Entramos en la capilla.

Era una gran habitación circular, sin asientos. Una gruesa alfombra de suave pseudovida, obviamente muchas rodillas la habían gastado. Luces matizadas. Me acuerdo de hacer el signo de Alabado-sea-Krug al entrar. Uno-dos-tres.

Un pequeño vestíbulo. Dos pasos más adelante, vi el altar por primera vez. Lilith dobló la rodilla, sumisión a la Voluntad. Yo casi no necesité arrodillarme. Casi me caí de asombro.

El altar: una gran masa cuadrada de lo que parecía carne viviente, asentada sobre una bañera de plástico muy ornamentada. Un fluido púrpura en la bañera, girando y bañando ocasionalmente el bloque de carne rosada, que medía al menos tres metros de largo y dos de ancho por uno de alto.

Detrás del altar: un holograma de mi padre. Un parecido perfecto. Una réplica a tamaño natural, que nos miraba de frente, con expresión severa, ojos brillantes, labios fruncidos. No era exactamente un dios de amor. Fuerte. Hombre de acero. Era un holograma, de manera que los ojos te seguían. Estés donde estés en la capilla, Krug te vigila.

Me arrodillo. Extiendo los brazos. Palmas hacia arriba.

¡Sumisión a la Voluntad de Krug!

Me trastorna. Aunque ya venía preparado, sigo conmocionado. “¿Es así en todo el mundo?—pregunto—. ¿Androides haciendo reverencias a mi padre?” Un susurro apenas audible. “Sí —me dice—, sí.” Le reverenciamos. Alabado-sea-Krug.

Este hombre al que he conocido toda mi vida. Este constructor de torres, este inventor de androides. ¿Un dios? Casi me río. ¿Soy el hijo de Dios? No encajo en el papel. Obviamente, aquí nadie me adora. Soy una ocurrencia de última hora. Estoy al margen de la teología.

Nos ponemos de pie. Con un leve gesto de la cabeza, Lilith me guía hacia un lugar al fondo de la capilla, donde nos arrodillamos. La oscuridad me reconforta. Debe de haber diez o doce androides en la capilla, todos betas, a excepción de un varón alfa arrodillado ante el altar, de espaldas a nosotros. Me siento menos llamativo con el alfa allí. Entran unos cuantos betas más, haciendo los gestos apropiados. Nadie nos presta atención. Las distancias sociales.

Todo el mundo parece rezar para sus adentros.

“¿Esto es el servicio, Lilith?”

“No, aún no. Hemos llegado un poco pronto. Ya lo verás.”

Los ojos de Krug me taladran. Ahí arriba, casi tiene aspecto de dios. Le devuelvo la mirada. ¿Qué diría él si lo supiera? Se reiría. Golpearía su escritorio. Se alegraría. ¡Krug el dios! ¡Jehová Krug! ¡Simeon Alá! ¡Por Cristo, ésa sí que es buena! ¿Por qué demonios no iban a adorarme? Yo los creé, ¿no?

Cuando mis ojos se acostumbran a la semioscuridad, examino más detenidamente el dibujo de la pared. No es, como pensé en un principio, un diseño ornamental abstracto. No: ahora veo las letras del alfabeto, repetidas una y otra vez, cubriendo hasta el último centímetro del muro. No todas las letras. Repaso las líneas, y sólo encuentro la A, la U, la G y la C en diversas combinaciones como:

AUA AUG AUC AUU GAA GAG GAC GAU GGA GGG GGC GGU

GCA GCG GCC GCU GUA GUG GUC GUU CAA CAG CAC CAU

Una y otra vez. “¿Qué es eso, Lilith? Las letras.”

“El código genético —dice—. Los tripletes del ARN”

“Ah, sí. —De pronto, recuerdo Ciudad Gamma, la adicta al ralentizador exclamando letras, G A A G A G G A C. Ahora las veo en la pared—. ¿Una plegaria?”

“El idioma sagrado. Como el latín para los católicos.”

“Ya entiendo ”

En realidad no lo entiendo. Me limito a aceptarlo.

“¿Y de qué está hecho el altar?”, pregunto.

“Carne. Carne sintética.”

“¿Viva?”

“Por supuesto. Salida de la cuba, como tú y como yo. Perdona, como tú, no. Como yo. Un montón de carne androide viva.

“¿Qué la mantiene viva? No tiene órganos, ni nada así.”

“Absorbe nutrientes del tanque. E inyecciones de algo desde debajo. Pero vive. Crece. De vez en cuando, hay que recortarla. Simboliza nuestro origen. No el tuyo. El nuestro. Hay un altar en cada capilla. Sacados a escondidas de las fábricas.”

“Como los productos defectuosos.”

“Como los productos defectuosos, sí.”

“Y yo que pensaba que las medidas de seguridad eran muy estrictas en las plantas de androides”, digo.

Lilith me guiña un ojo. Empiezo a sentirme como un miembro de alguna conspiración.

Ahora entran tres androides por la parte de atrás de la capilla. Dos betas y un alfa, con estolas bordadas en las que está inscritas las letras del código genético. Tienen un aspecto sacerdotal. El servicio está a punto de comenzar. Cuando los tres se arrodillan junto al altar, todo el mundo hace el Alabado-sea-Krug, y el Krug-nos-guarde. Les imito.

“¿Son sacerdotes?”

“Son celebrantes —dice Lilith—. No tenemos lo que se dice una clase sacerdotal. Hay varias castas que desempeñan papeles en ceremonias diferentes, según la estructura y la textura del ritual. El alfa es un Preservador. Entra en un trance que le pone en comunión directa con Krug. Los dos betas son proyectores. Ellos amplifican su estado emocional. En otros momentos se necesitan Absorbedores o Protectores, que cuentan con la ayuda de Entregadores, Sacrificadores o Respondedores.”

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